
Hay cierto anacronismo emocional relacionado con el clima, tal vez peor por las fechas, el sol siempre ha sido un problema para mi, me agobia, me apaga, me molesta…
por eso amo los días de otoño, los ocres paisajes de parques inundados del sonido de las hojas, dejándose tentar por la lluvia;
y sin embargo cuando el paisaje es interno, los signos mutan drásticamente, es una fracción de tiempo ínfima en mis dulces días de febrero, un quiebre, un aroma, algunos nombres, las pequeñas nostalgias, las grandes ausencias… en este instante, por algún motivo: -lluevo-.
PS: hoy mi escenario es una gigante caja de sorpresas que estoy dispuesta a gozar... tal vez por eso hay nombres que recuerdan mi camino; los que no están: Ángel, Damián, Emilia, Aurelio; los lejanos: Víctor y Lino; y las colas traviesas: Azrael, Mara, Dana y Hunter.